La Quinta Disminuida

Tag: Miles Davis

El maestro vienés de los teclados

por Nico a las Ago.10, 2010, en La Quinta en la Radio, Músicos

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Joe Zawinul fue uno de los músicos de jazz más influyentes del siglo XX, fue pionero en el uso de instrumentos electrónicos y quizás el primero en usar un piano eléctrico. Sus primeras grabaciones, sin embargo, y sus participaciones como acompañante fueron con el piano acústico y bajo esquemas vinculados al “jazz standard”.

La sesión de hoy estará dedicada íntegramente a este gran músico, pianista, tecladista y compositor, nacido en Viena un 7 de julio de 1932 y fallecido el 11 de septiembre de 2007.

La historia comenzó cuando, un día de esos, en los que por instantes la magia se apodera de nuestras decisiones, Joe leyó un anuncio en una de las pocas revistas especializadas en jazz que llegaban a Viena. Se anunciaban becas de estudio en la prestigiosa Berklee School of Music, en Boston; sin más, envió su solicitud y fue admitido. Fue así que un 2 de enero de 1959 tomó un barco que después de cinco días de viaje a través del Atlántico, lo llevó al nuevo mundo. Una pequeña maleta, su beca de estudio y 800 dólares en el bolsillo era todo lo que llevaba. “Sabía que no iba a ser fácil, no tenía parientes y no conocía absolutamente a nadie en Norte América”, comentó años después. Al llegar a Nueva York, una de sus primeras paradas fue en el famoso club Birdland, lugar que se convertiría en su primera imagen del jazz en esa ciudad. A partir de ese momento el Birdland tuvo un significado especial que lo acompañaría a lo largo de su vida. No sólo era un símbolo de su llegada al corazón del jazz, sino que además fue ahí donde conoció a su esposa, Maxine, con quien compartiría más de 40 años de matrimonio y la crianza y educación de tres hijos, Anthony, Erich e Iván.

Su estadía en la escuela de Berklee fue breve, pues comenzó a trabajar en el ambiente jazzístico acompañando al trompetista Maynard Ferguson y a la cantante Dinah Washington, aunque fue en el otoño de 1961 que su toque al piano encontró un asidero, al unirse a una figura fundamental, como era Cannonball Adderley, el saxofonista con el que permaneció durante casi diez años.

La relación entre Cannonball Adderley y Joe Zawinul fue muy fructífera, no sólo en el plano musical, sino también en el personal. Fue una relación que se fortalecía por los constantes viajes que el grupo realizaba para sus presentaciones dentro los Estados Unidos de Norteamérica, que normalmente hacían en automóvil. Zawinul comentó cierta vez: “como yo era un inmigrante, Cannonball era mi familia, él fue mi padrino de matrimonio, les regaló bicicletas a mis hijos, era un gran amigo… en verdad era más que un amigo… era como un hermano para mí, años después de su muerte, siempre hablo de él con mi esposa… casi todos los días”.

Su crecimiento y desarrollo como un verdadero solista comenzó por el año 1967, período en el que el sonido de Zawinul ya desprendía rasgos de un aire absolutamente personal. Esto, junto a un perfeccionamiento de su técnica bajo el tutelaje de Raymond Leventhal,  quien lo embarcó en una rigurosa práctica, convertiría a Zawinul en un intérprete reconocido en todo tipo de música. Leventhal comentó que su discípulo estaba preparado para encarar cualquier obra de la música de tradición escrita, desde Bach hasta Rachmaninof.

El reconocimiento que Zawinul comenzó a adquirir en el mundo musical llegó a los oídos de Miles Davis, quien además estaba intrigado por el sonido del piano eléctrico, que Zawinul dominaba. Miles asistió a varias presentaciones y conciertos del grupo de Cannonball para oír cómo se adaptaba el sonido de un piano eléctrico, al saxo y a la trompeta y llegó al absoluto convencimiento de que el camino que quería seguir era el eléctrico. Fue así que a finales de los años sesenta comenzó a imaginar el nuevo sonido de su música.

A Miles, sin embargo, no solamente le interesaba el sonido de Zawinul en el piano eléctrico, también admiraba su estilo de composición, por lo que en el invierno de 1968 lo invitó a formar parte de su banda, que sería la responsable de plantar las semillas que iniciarían el camino del jazz-rock, con obras del tamaño de In a Silent Way y Bitches Brew.

Luego de ese periodo fundamental para su carrera y para el jazz, en general, Joe Zawinul formó uno de los grupos más importantes del jazz-rock como fue Weather Report, para reinventarse después con el Zawinul Syndicate y desarrollar una carrera solista que logró sorprender en cada disco que llegó a editar.

Nuestro viaje comienza en 1958 y termina en 2007, a lo largo de diez y ocho estaciones, siempre con Jozy en las teclas.

  1. Easy Leaving
  2. Come On Home
  3. Scotch And Water
  4. Come Sunday
  5. Mercy, Mercy, Mercy
  6. The Soul Of a Village
  7. In a Silent Way
  8. His Last Journey
  9. Eurydice
  10. Black Market
  11. Birdland
  12. They Had A Dream
  13. Slivovitz Trail
  14. Mountain Waters
  15. Three Postcards
  16. Two Lines
  17. Night Passage
  18. Orient Express
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Jazz standards de un EGOT

por Nico a las Jul.26, 2010, en La Quinta en la Radio, Músicos, Personajes del Jazz

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Richard Charles Rodgers es uno de los dos compositores que ha ganado un premio Emmy, un Grammy, un Oscar y un Tony; es por eso que se lo conoce como un artista premiado con un EGOT, palabra que se forma con las iniciales de los mencionados premios. Como si eso fuera poco, tiene en su haber, además, un Premio Pulitzer. El otro artista que también tiene un EGOT es el compositor norteamericano Marvin Hamlisch.

Rodgers nació un 28 de junio de 1902 en el seno de una próspera familia judía en Arverne, Queens, Nueva York. La fortuna y posición social de su familia fueron aspectos que facilitaron su ingreso al mundo artístico. Su hermano mayor, que estudiaba leyes en la universidad de Columbia, le ayudó a contactarse con Oscar Greeley Clendenning Hammerstein II, que también estudiaba leyes y con quien escribió un libreto para el Columbia Varsity Show, importante y tradicional evento de esa universidad. Otro estudiante que participaba en el show era Lorenz Hart, con quien crearían la que sería una de las más exitosas parejas de compositores, con Rodgers a cargo de la música y Hart de la letra. Este primer contacto fue el inicio de veinticinco años de una prolífica relación musical, de 1919 a 1943, año en el que el letrista falleció.

En 1927 la introducción del sonido en el cine impulsó la producción de películas musicales, gracias a lo cual varios de los musicales de Rodgers & Hart fueron adaptados como películas. Debido a su éxito, los estudios de cine de Hollywood comenzaron a contratar a los compositores de musicales de Broadway para que escriban música directamente para la pantalla gigante. Por otra parte, la depresión de la década de 1930 dificultó en gran medida el montaje de obras musicales, por lo que a partir de 1930, Rodgers y Hart comenzaron a trabajar regularmente en Hollywood, sin musicales en Broadway durante casi cinco años (1931 – 1935), lo que los impulsó a firmar un contrato con la productora Warner Brothers.

Oscar Hammerstein II, cuya familia incluye un propietario de un teatro, un productor y un empresario de ópera, asistió a la escuela de Derecho de Columbia antes de embarcarse en la carrera de libretista y letrista. Fue un autor tan fecundo que solamente pudo superarlo Irving Berlin, por la cantidad de letras de canciones que escribió. Hammerstein tuvo su primer éxito en Broadway con la opereta Rose Marie (1924) y las obras The desert song (1926) y The new moon (1928).

Su primera colaboración con Richard Rodgers fue en 1943 con la obra Oklahoma, que les hizo ganar un Pulitzer. Este musical les allanó el camino para todo el trabajo que produjeron juntos hasta 1960. En 1945 la película State Fair ganó un Oscar con la canción It Might as Well Be Spring; posteriormente, en 1949, ganaron un segundo Pulitzer con la obra South Pacific.

Entre sus más conocidos e importantes musicales están The King and I (1951), Carrousel (1945), Flower Drum Song (1958) y The Sound of Music (1959). De esta última producción, “My favorite things” es una de las piezas más hermosas jamás compuestas y que John Coltrane inmortalizaría luego en el mundo del jazz.

La primera parte de esta sesión estará integrada por temas de la dupla Rodgers & Hart, mientras que la segunda se dedicará a la fascinante producción de Rodgers & Hammerstein II.

  1. My Funny Valentine – Miles Davis  Quintet
  2. Blue Moon – Billie Holiday
  3. My Romance – McCoy Tyner
  4. Where or When – Frank Sinatra & Count Basie
  5. Bewitched – Antonio Hart
  6. It’s Easy To Remember – Karrin Allyson
  7. The Most Beautiful Girl In The World – Sonny Rollins
  8. You Are Too Beautiful – John Coltrane & Johnny Hartman
  9. Have You Meet Miss Jones – Ben Webster & Art Tatum
  10. My Favorite Things – John McLaughlin
  11. The Sweetest Sounds – Sarah Vaughan
  12. The Surrey With The Fringe On Top – Ellis Marsalis
  13. Hello Young Lovers – Mel Tormé
  14. This Nearly Was Mine – Chick Corea
  15. The Lady Is A Tramp – Ella Fitzgerald
  16. Do-Re-Mi – Gary Burton
  17. It Might As Well Be a Spring – Clifford Brown
  18. People Will Say We’re In Love – Cannonball Adderley
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Los hijos del Bebop

por Nico a las Jul.12, 2010, en La Quinta en la Radio, Músicos

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En la iconografía musical de principios de los años 50, el jazz de Charlie Parker y Dizzy Gillespie era equivalente al átomo, ya que contenía una enorme cantidad de potencia comprimida en un envase pequeño. Y como el átomo, la rotura o la fisión del Bebop, llevada a cabo por los músicos de jazz de los 50, liberó un inesperado torrente de energía. Esa energía generó una explosión de creatividad y excelencia artística que eclipsa a todas las otras de la historia del jazz; una era dorada en la que los herederos del Bebop produjeron colectivamente una asombrosa variedad de música. Los 50 vieron crecer y ocupar el candelero a docenas de músicos importantes que incluían a Miles Davis y Chet Baker, John Coltrane y Sonny Rollins, Dave Brubeck y Bill Evans, Jimmy Smith y Horace Silver, Art Blakey y Max Roach, Gerry Mulligan y Stan Getz, que cuando exploraron y expandieron el material que contenía esa partícula llamada Bebop, las implicaciones del lenguaje se hicieron evidentes y concretas. Resulto que el diminuto átomo  contenía partículas aún más pequeñas, cada una con características distintas, el Cool y el Hard Bop.

El lenguaje conocido como Hard Bop, se parecía bastante al Bebop, solo que visto desde una perspectiva nueva en la que los músicos mantuvieron la esencia de la lengua materna, pero calmaron los ritmos más frenéticos y le devolvieron a la música una emotividad terrena, característica que se les había escapado a los boopers en su búsqueda de reconocimiento como “artistas” más que como “animadores”. El Hard Bop enfatizó el ritmo, buscando mayor intensidad sonora, con un aporte de blues con texturas más oscuras y líneas improvisadas cortas. En cambio el Cool, rompió con los tempos acelerados, los estallidos de intensidad, y las demostraciones de virtuosismo llegaron a su fin, pero sobre todo, y más allá de características musicales, el Cool, suave, sensual y aterciopelado, expresó una pose de aparente indiferencia que fue muy bien recibida por los adolescentes y adultos jóvenes de los años 50. En vez de extraversión, el Cool exhibió introspección, donde los músicos de esta escuela defendían el valor de la contención, manteniendo una ligera distancia entre sí mismos y las emociones que yacían debajo de la música. En términos específicos, prefirieron una interacción cerebral entre los instrumentos melódicos, en la que la sección rítmica no abunda con acentos incendiarios que empleaban los bateristas del Hard Bop. En la escuela Cool, los músicos estaban a favor de tonos planos y asordinados, prácticamente sin utilizar el vibrato.

Esta sesión es una especie de mousse de chocolate y vainilla, preparado con raciones similares de Cool y Hard que les aseguro que no les producirá ningún empalagamiento.

  1. Boplicity – Miles Davis
  2. Take Off – Miles Davis
  3. Wow – Lennie Tristano, Lee Konitz, Warne Marsh
  4. Blues Walk – Clifford Brown, Max Roach
  5. My Funny Valentine – Gerry Mulligan Quartet c/ Chet Baker
  6. St. Thomas – Sonny Rollins
  7. Lullaby of Birdland – George Shearing
  8. Abdulah – Elmo Hope
  9. Take Five – Dave Brubeck
  10. The Preacher – Horace Silver & The Jazz Messengers
  11. Let’s Gets Lost – Chet Baker
  12. Limehouse Blues – Cannoball Adderley & John Coltrane
  13. Django – The Modern Jazz Quartet
  14. Long Green  – Donald Byrd
  15. Stella By Starlight – Stan Getz
  16. Heavy Dipper – Lee Morgan
  17. Walkin’ Shoes – Art Pepper
  18. Moanin – Art Blakey & The Jazz Messengers

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La magia del Carnegie Hall

por Nico a las Jun.18, 2010, en La Quinta en la Radio, Músicos

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El jazz inicialmente ocupó los salones de baile, en los que las Big Bands invitaban a todos los asistentes a mover el cuerpo, posteriormente con la revolución del Bebop, los grupos se volvieron más pequeños y se ubicaron en locales en los cuales los asistentes además de prestar atención a las interpretaciones de los músicos, podían consumir un buen vino o fumarse un cigarrillo. En ese ambiente, la magia de la música se combinaba perfectamente, con los aromas del vino y con el humo del tabaco. El Village Vanguard, el Birdland, el Onix, el Three Deuces eran los templos sagrados del jazz, en los que todos los rincones estaban impregnados de música. Esa magia íntima, en la que uno además de temblar con cada improvisación es testigo del mensaje corporal de los músicos, de sus miradas muchas veces al vacio, otras veces a sus compañeros y por supuesto al público que queda solazado ante el más mínimo guiño. La recuperación de esos momentos a través de grabaciones históricas como aquella del domingo 25 de junio de 1961, nos permiten cerrar los ojos para imaginarnos esos momentos. Pero los músicos también tocaron -y tocan- en teatros y auditorios diseñados especialmente para que el sonido no se escape por la más mínima fisura,  y si hay uno que está considerado como el poseedor de la mejor acústica del planeta, ese es el Carnegie Hall,  que  por sí solo ya es un instrumento.

Es una de las edificaciones más grandes de Nueva York. Construido totalmente en piedra, inicialmente sin estructuras de acero. El exterior está hecho con ladrillos estilo romano de color ocre y con detalles en terracota. El salón de la entrada evita las exageraciones del barroco y está inspirado en la elegancia del estilo florentino. Andrew Carnegie fue el hombre que financió el edificio, que se comenzó a construir en 1890. Aunque el edificio estaba en uso desde abril de 1891, la inauguración oficial fue la noche del 5 de mayo, con un concierto conducido por Piotr Ilich Tchaikovsky.

Desde su creación, la mayoría de los grandes intérpretes de la música clásica han tocado en el Main Hall, sin embargo este espacio también se abrió a la música popular, y el jazz era una música muy popular a finales de los años veinte y durante los treinta, es entonces cuando un 16 de enero de 1938 la orquesta de Benny Goodman volteó la taquilla, y habitó una sala de conciertos en vez de un salón de baile, a pesar de ello, si bien todo el público permaneció sentado en sus butacas, no pudo evitar llevar el ritmo con el movimiento de los pies. A partir de entonces, los grandes nombres del jazz consagraron al Carnegie Hall con la música más democrática del mundo.

Las grabaciones que gobiernan las dos horas de jazz en nuestro programa dedicado al Carnegie Hall son las siguientes:

  1. Don’t Be That Way – Benny Goodman
  2. A Night In Tunisia – Dizzy Gillespie & Charlie Parker
  3. All Good Children Got Rhythm – Bud Powell Trio
  4. Long Island Sound – Stan Getz Quartet
  5. Ornithology – Charlie Parker
  6. Lester’s Blues – Oscar Peterson
  7. Don’t Explain – Billie Holiday
  8. Bye-ya – Thelonious Monk y John Coltrane
  9. Someday My Prince Will Come – Miles Davis
  10. O Barquinho – Roberto Menescal
  11. Three To Get Ready – Dave Brubeck
  12. I Loves You, Porgy – Nina Simone
  13. Corcovado – Joao Gilberto, Stan Getz, Astrud Gilberto
  14. Line For Lyons – Gerry Mulligan y Chet Baker
  15. Take Five – George Benson
  16. Crazy Rhythm – Stephanne Grappelli
  17. Turn Out The Stars – Herbie Hancock y John Mc Laughlin
  18. How Insensitive – Tom Jobim y Pat Metheny
  19. Now’s The Time -Hardgrove,Johnson,McLean,Henderson,Burrell,Hancock,Jones
  20. My Song – Keith Jarrett
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Miles y lo inefable

por Nico a las Abr.29, 2010, en Albumes, La Quinta en la Radio

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¿Podría parecer pretencioso afirmar que Kind of Blue es una obra maestra? Lo es. ¿Según qué puntos de vista? Todos.

Diez horas. Dos fechas, 2 y 22. Dos meses, marzo y abril. Un año, 1959. Una ciudad, Nueva York. Siete músicos. Un estudio adaptado en una vieja iglesia de madera. ¿Qué factor inusitado pudo haberse producido entre todas estas piezas para que de ellas nazca la joya más grande del jazz?

¿Y qué se puede decir sobre Kind of Blue que no se haya dicho ya? Muy poco en realidad.

Podría reiterar que es una obra maestra gracias a varios elementos que la fortuna tuvo a bien reunir en el lugar y el momento precisos, como la extraordinaria calidad de los integrantes del grupo: Miles Davis en trompeta, Bill Evans en el piano, Julian “Cannonball” Adderley en saxo alto, John Coltrane en el saxo tenor, Paul Chambers en el contrabajo, Jimmy Cobb en la batería y Wynton Kelly, el nuevo pianista reclutado por Miles, que tuvo que conformarse con tocar en un solo tema.

Esta combinación de prodigios creativos, unida al hecho de que las composiciones eran completamente originales y los músicos no contaban con un conocimiento previo de las mismas, resultó en un caleidoscopio de estilos que, en lugar de confrontarse, como podía haberse supuesto, decantaron en perfecta armonía, logrando un disco belleza absoluta por todos sus ángulos.

Otro aspecto que se menciona con frecuencia refiere que con Kind of Blue Miles Davis dio a luz un disco perfectamente ubicado en ese nebuloso punto de equilibrio que seguramente existe entre las distintas corrientes jazzísticas.  Por algo ha llegado a ser el álbum más vendido y aplaudido de la música contemporánea.

Es innegable también que Kind of Blue es un pedazo de historia que ha sido aceptado tanto por los críticos más ácidos, como por rígidos conservadores, pero además ha logrado seducir e iniciar incluso a los más incipientes degustadores del jazz.

Sin embargo, un leviatán sagrado como este álbum no puede limitarse al espacio de las palabras. Kind of Blue trasciende lo que la mejor crítica puede decir y lo que el más sesudo análisis pueda descifrar. Atemporal y fresco, sereno e intenso a la vez, Kind of Blue emana una suerte de hálito que transporta a una dimensión de sensaciones incitantes, dominadas por reminiscencias y palpitaciones, lucidez y embriaguez, levedad y carnalidad, éxtasis y letargo.

El viaje a Kind of Blue tiene las siguientes estaciones:

  • So What – Miles Davis
  • Freddie Freeloader – Miles Davis
  • Blue in Green – Miles Davis
  • Flamenco Sketches – Miles Davis
  • All Blues – Miles Davis

El legado de esta obra maestra:

  • So What – Chick Corea, Ron Carter, Ndugu Chancler
  • Freddie Freeloader – Conrad Herwig, Paquito D’Rivera, Dave Valentin
  • Blue in Green – George Coleman, Ron Carter, Jimmy Cobb, Mike Stern
  • All Blues – Jim Hall, Chet Baker, Mark Egan, Dave Weckl
  • Flamenco Sketches – Joe Henderson, John Scofield, Al Foster
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