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Los hijos del Bebop
por Nico a las Jul.12, 2010, en La Quinta en la Radio, Músicos
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En la iconografía musical de principios de los años 50, el jazz de Charlie Parker y Dizzy Gillespie era equivalente al átomo, ya que contenía una enorme cantidad de potencia comprimida en un envase pequeño. Y como el átomo, la rotura o la fisión del Bebop, llevada a cabo por los músicos de jazz de los 50, liberó un inesperado torrente de energía. Esa energía generó una explosión de creatividad y excelencia artística que eclipsa a todas las otras de la historia del jazz; una era dorada en la que los herederos del Bebop produjeron colectivamente una asombrosa variedad de música. Los 50 vieron crecer y ocupar el candelero a docenas de músicos importantes que incluían a Miles Davis y Chet Baker, John Coltrane y Sonny Rollins, Dave Brubeck y Bill Evans, Jimmy Smith y Horace Silver, Art Blakey y Max Roach, Gerry Mulligan y Stan Getz, que cuando exploraron y expandieron el material que contenía esa partícula llamada Bebop, las implicaciones del lenguaje se hicieron evidentes y concretas. Resulto que el diminuto átomo contenía partículas aún más pequeñas, cada una con características distintas, el Cool y el Hard Bop.
El lenguaje conocido como Hard Bop, se parecía bastante al Bebop, solo que visto desde una perspectiva nueva en la que los músicos mantuvieron la esencia de la lengua materna, pero calmaron los ritmos más frenéticos y le devolvieron a la música una emotividad terrena, característica que se les había escapado a los boopers en su búsqueda de reconocimiento como “artistas” más que como “animadores”. El Hard Bop enfatizó el ritmo, buscando mayor intensidad sonora, con un aporte de blues con texturas más oscuras y líneas improvisadas cortas. En cambio el Cool, rompió con los tempos acelerados, los estallidos de intensidad, y las demostraciones de virtuosismo llegaron a su fin, pero sobre todo, y más allá de características musicales, el Cool, suave, sensual y aterciopelado, expresó una pose de aparente indiferencia que fue muy bien recibida por los adolescentes y adultos jóvenes de los años 50. En vez de extraversión, el Cool exhibió introspección, donde los músicos de esta escuela defendían el valor de la contención, manteniendo una ligera distancia entre sí mismos y las emociones que yacían debajo de la música. En términos específicos, prefirieron una interacción cerebral entre los instrumentos melódicos, en la que la sección rítmica no abunda con acentos incendiarios que empleaban los bateristas del Hard Bop. En la escuela Cool, los músicos estaban a favor de tonos planos y asordinados, prácticamente sin utilizar el vibrato.
Esta sesión es una especie de mousse de chocolate y vainilla, preparado con raciones similares de Cool y Hard que les aseguro que no les producirá ningún empalagamiento.
- Boplicity – Miles Davis
- Take Off – Miles Davis
- Wow – Lennie Tristano, Lee Konitz, Warne Marsh
- Blues Walk – Clifford Brown, Max Roach
- My Funny Valentine – Gerry Mulligan Quartet c/ Chet Baker
- St. Thomas – Sonny Rollins
- Lullaby of Birdland – George Shearing
- Abdulah – Elmo Hope
- Take Five – Dave Brubeck
- The Preacher – Horace Silver & The Jazz Messengers
- Let’s Gets Lost – Chet Baker
- Limehouse Blues – Cannoball Adderley & John Coltrane
- Django – The Modern Jazz Quartet
- Long Green – Donald Byrd
- Stella By Starlight – Stan Getz
- Heavy Dipper – Lee Morgan
- Walkin’ Shoes – Art Pepper
- Moanin – Art Blakey & The Jazz Messengers
Romances del Jazz
por Nico a las May.27, 2010, en La Quinta en la Radio, Músicos
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Nació en España alrededor de 1870, se crió y creció en América Latina. Se dice que recibió su nombre por la forma en que el bailarín manchego Sebastián Cerezo ejecutaba unas “seguiriyas” y que los mozos que se reunían a verle bailar le decían “bolero” por la forma de “volar” en la interpretación de los compases. Los cronistas de la época relatan que el bolero fue adoptado por los mejores bailarines y era disfrutado incluso por la aristocracia de las cortes de Carlos III, Carlos IV y Fernando VII. Llegó a ser tan español que se convirtió en la llave que iniciaba y cerraba las fiestas. Sin embargo, Cuba fue, en la práctica, su segunda patria y la tierra que creó el bolero tal y como lo conocemos hoy, dándole las alas que le permitieron llegar al resto de Latinoamérica e influyendo en otros géneros, como la Bossa Nova.
Hay músicas que pertenecen al baile y hay otras cuya jurisdicción no sale del auditorio o el gran teatro, donde el sólo acto de escuchar es primordial. El bolero, por su parte, se distingue porque invita al suave y cadencioso baile, pero especialmente porque sus letras ablandan hasta al más duro y se dejan cantar por generaciones enteras. Tiene la virtud de aglutinar dos cualidades de una forma muy especial: melodías maravillosas y letras que nos llevan por los lugares más recónditos de nuestros sentimientos. Es música que nace del sentimiento y que toca, sin temor a la sensiblería, todo tipo de emociones, que van desde la picardía de un beso robado o la exaltación del amor eterno, hasta el encomio del despecho, el odio y la misma muerte.
Siendo un género musical de raíces populares, el bolero ha cautivado a no pocos compositores de música culta, pues, al influjo de sus tonadas y letras, lo han incorporado en sus creaciones. Están, por ejemplo, Verdi y el bolero de sus “Vísperas sicilianas”, además de las composiciones de Ravel, Chopin y Weber, entre otros.
Para deleite nuestro, el bolero también le ha resultado irresistible al jazz. Esta música de todas las posibilidades, cuyo carácter le permite transitar como a ninguno por senderos ya recorridos pero descubriendo siempre nuevos rumbos, nos regala interpretaciones únicas, algunas de las cuales compartiré hoy con ustedes.
Si bien ambos géneros provienen de la fusión y las mezclas, los caminos nuevos tienen exigencias diferentes, así que estoy seguro de que aunque nuestra sesión sonará con viejas melodías, ustedes serán gratamente sorprendidos por los intérpretes que nos acompañarán, inspirándonos a rememorar palpitaciones incontenibles, revivir confesiones indecibles, despedidas dolorosas y, en pocas palabras, dialogar con nuestros recuerdos, pero siempre con la magia y la sorpresa que sólo el jazz nos puede dar.
La primera parte del programa escucharemos boleros de compositores cubanos, la segunda de compositores mexicanos y para cerrar algo fundamental en el mundo del bolero.
- Como Fue – Jerry Gonzalez
- Tres Palabras – Brad Mehldau
- Quizas, quizas, quizás – Cal Tjader
- Nuestra Canción – Rubén Gonzales
- Noche Cubana – Paquito D’ Rivera
- Siempre en mi corazón – Steve Kuhn
- Aquellos Ojos Verdes – Bebo Valdés/Javier Colina
- Besame Mucho – Art Pepper
- Noche de Ronda – Charlie Haden/Pat Metheny/Rubalcaba
- Perfidia – Gonzalo Rubalcaba
- Adios Mariquita Linda – Dave Brubeck/Gerry Mulligan
- Esta Tarde Vi Llover – Bill Evans
- Somos Novios – Bireli Lagrene
- Sabor a Mi – Bebo Valdés/Chucho Valdés
- En la imaginación – Chano Dominguez/Marta Valdés
- Contigo en la Distancia – Luis Salinas
- Cenizas – Chucho Valdés/Omara Portuondo
Nota: La imagen que acompaña esta entrada pertenece a la tapa del libro “Bolero Clave del Corazón” de Elena Tamargo y Francisco García Marañon.
