Las dos Bolivias

Hay dos Bolivias. Otros dicen que hay más de dos. Yo solo conozco dos. Si bien ambas tienen la misma esencia y comparten el mismo origen, son muy diferentes.

La primera Bolivia, y es la primera únicamente por un aspecto cronológico, fue concebida a principios de los años setenta y está basada en los preceptos del guerrillero argentino-cubano Ernesto “Che” Guevara. Tiene una fuerte influencia andina, lo que la hace, por momentos, bastante monótona, sintiéndose constantemente la dualidad entre el grito desgarrado del bronce y el sonido del viento en las alturas.

La otra Bolivia, es de mediados de los años setenta, concebida poco después de la primera, sin embargo su desarrollo más importante se produjo a principios de los años noventa. Es mucho más dinámica, más sofisticada, diría hasta más alegre. Tiene una estructura en la cual todos pueden expresarse dentro de un acuerdo general y unas reglas preestablecidas.

La primera Bolivia, es una composición del año 1973 del saxofonista rosarino Gato Barbieri dedicada al “Che” Guevara. Este tema contiene aires y sonido de los Andes, y se presta para que Barbieri nos empuje a paisajes imaginarios de ríos, montañas, y la espesura de la selva boliviana, adornada con sonidos que imitan los ruidos de los animales que habitan la región. La melodía principal, es presentada por la flauta traversa, que busca acercarse al sonido de la quena.

En una parte del tema, el sonido del saxo de Barbieri es desgarrado y dramático, y expresa el momento en que capturan al Che Guevara. Entonces, en el momento del ocaso, entona un canto luctuoso.

La figura del Gato dominó el ala argentina de la escena del jazz latino de los años setenta, sin embargo su búsqueda musical encontró un verdadero asidero en el Avant Garde del saxofonista Pharoah Sanders.

La composición Bolivia da el título al álbum, en el que Barbieri cuenta con músicos de lujo como Stanley Clarke, John Abercrombie, Airto Moreira y Lonnie Liston Smith.

La otra Bolivia, es la más famosa composición del pianista Cedar Walton, la debió escribir alrededor del año 1974, sin embargo la versión que se convirtió en un clásico del jazz moderno, es la grabada por el trompetista Freddie Hubbard en el año 1990, que además incluye a Walton como responsable de la armonía del tema en las 88 teclas.

Los primeros compases, permiten percibir un intenso aroma a Latin jazz, que luego se va acercando aceleradamente a un Hard Bop del cual Hubbard fue uno de sus principales abanderados en los años noventa.

Una vez sembradas las semillas y regado el terreno, Hubbard se lanza abruptamente a desarrollar su solo, en el que se confirma porque algunos lo consideraron el heredero de Miles. Su improvisación está llena de matices, de sorpresas, de aspavientos. Las últimas notas de la trompeta, junto con el golpe de los platillos, invitan a los demás miembros del grupo a expresar su opinión sobre Bolivia.

La primera Bolivia, es hermosísima, pero el grupo solo sigue al líder, no expresa su opinión, no es tan democrática. La segunda es tan democrática, que inclusive su creador, su ideólogo, no resalta sobre los demás, se limita a un rol secundario, de acompañamiento, eso sí, sentando las bases sobre las que sus compañeros aportan a la obra.

El jazz es la música más democrática del mundo, donde cada uno de los miembros del grupo puede expresar su punto de vista, e inclusive, en determinados momentos, intercambiar sus roles y embarcarse en una improvisación simultánea, convirtiendo al jazz en una plataforma de comunicación e interacción democrática, una suerte de metáfora de la libertad.


Me interesa tu opinión